A tan solo seis minutos podría reducirse el tiempo para calcular la altura de inundación de un tsunami, según una reciente investigación (Sifón, M., Fuentes, M., Riquelme, S., Sánchez, R. & Arriola, S., 2026), desarrollada por investigadores del Programa Riesgo Sísmico de la Universidad de Chile, en colaboración con el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA), a partir de la tesis de Matías Sifón para optar al grado de Magíster en Geofísica.

Este modelo, diseñado específicamente para el caso chileno, presenta una nueva metodología para la evaluación de alertas tempranas de tsunamis, proporcionando datos con buena precisión en tiempo real, optimizando así la estimación de la amenaza. Datos valiosos que pueden salvar vidas, ya que proporcionan información en tiempo real sobre, por ejemplo, los lugares que están más propensos a tener alturas de tsunami más altas y donde la evacuación tiene que ser más inmediata.

“Además nos permite saber cuáles serán los lugares con mayor amplitud de tsunami en un primer orden, es decir, qué zonas van a estar más afectadas. Por lo tanto, si conocemos la infraestructura crítica o cuánta gente vive ahí, podemos saber dónde enviar ayuda y recursos de forma oportuna”, indica Sebastián Riquelme, investigador PRS y coautor del artículo.

Sebastián Riquelme, Investigador Programa Riesgo Sísmico.

El hallazgo constituye un avance pionero en el estudio de la sismología no solo en Chile, sino que también en el resto del mundo, dado que propone una alternativa al sistema que se utiliza actualmente de escenarios precalculados con distribución de deslizamiento uniforme, donde una vez que se determina la magnitud y ubicación del sismo, el sistema “elige” la fuente dentro de una base de datos con simulaciones numéricas de tsunamis generados por terremotos hipotéticos.

Este método que se utiliza hoy en día presenta ciertas limitaciones, ya que al no basarse en una fuente realista, puede subestimar hasta seis veces la altura de una inundación y, con ello, subestimar una alerta. Así lo afirman los artículos científicos de Eric Geist (2002), Sergio Ruiz et al (2015) y Mauricio Fuentes et al (2019).

En cambio, este sistema propuesto por los investigadores del PRS se basa en el modelo de falla finita. “Por lo general, los terremotos se representan como rectángulos que se desplazan de manera uniforme ciertos metros, pero en la realidad el movimiento es variable. Entonces, lo que hacemos es utilizar modelos más realistas de terremotos y, a partir de éstos, modelamos el tsunami. La ‘gracia’ de este sistema es que eliminamos ciertas condiciones para que, en la propagación, el tiempo de cálculo del tsunami sea más rápido, quizás no tan exacto, pero que entregue una muy buena aproximación de cuáles serán las zonas más afectadas”, explica Riquelme.

Representación de la distribución de deslizamiento (proyección superficial) de los terremotos utilizados para probar el modelo, utilizando las soluciones de falla finita del catálogo de terremotos del USGS. Los terremotos mostrados son: (a) Illapel 2015, (b) Pisagua 2014 (réplica), (c) Pisagua 2014 (sismo principal), (d) Maule 2010, (e) Melinka 2016, (f) Tocopilla 2007 y (g) Tohoku-Oki 2011.

Para probar este modelo, se tomó la información proporcionada por el USGS, el Servicio Geológico de los Estados Unidos, una agencia científica federal que monitorea y reporta terremotos a nivel mundial en tiempo real. Se estudiaron terremotos recientes que generaron amenaza de tsunami en costas chilenas como Tocopilla (2007), Maule (2010), Tohoku-Oki (2011), Pisagua (2014, tanto el sismo principal como su réplica), Illapel (2015) y Melinka (2016).

“Finalmente lo que hacemos es que, a partir del terremoto que está ocurriendo, modelamos el tsunami en tiempo real, entonces a los seis minutos (aprox.) ya podemos tener un cálculo, y no a los 15 o 20 minutos. En términos prácticos, estás haciendo un cálculo muy exacto del terremoto y uno muy bueno del tsunami”, precisa.

De implementarse, la investigación abre grandes posibilidades, sobre todo para un país como Chile, donde la mayoría de los grandes terremotos (M > 7,5) ocurren en zonas de subducción, por lo tanto, los tiempos de reacción son mucho más cortos y la gestión del tiempo para evaluar la alerta de tsunami puede ser incluso vital.